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El poteo en Donostia: tradición, rutas y cómo disfrutar de pintxos como un local

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El poteo es la actividad social más arraigada en el País Vasco. Consiste en ir de un bar a otro para tomar una copa de vino en cada uno. Y, en Donosti, pocas cosas nos gustan más que socializar de esta manera itinerante con una copa en la mano, y degustando la especialidad gastronómica de cada bar. Así que te explicamos las claves del poteo donostiarra para que disfrutes de los pintxos como un auténtico local.   

¿Qué es el poteo o txikiteo, esa tradición tan arraigada en la cultura vasca? 

Potear o txikitear es una de las costumbres sociales más arraigadas en la cultura vasca, en general, y en la cultura donostiarra, en particular. Ir de un bar a otro en cuadrilla (como se llama comúnmente a los grupos de amigos en País Vasco) forma parte del acervo popular de la zona

El apelativo potear deriva de pote, que es como se le denominaba comúnmente a los vasos de vino, y se refiere a la actividad de ir de un bar a otro para tomar potes. También se le denomina txikiteo, y hace referencia a tomar vinos o cervezas en formato pequeño. Txikito, para referirnos a los vinos, y zurito, para referirnos a las cervezas cortas.  

Este modo itinerante de socializar en los bares es una seña identitaria de la región, y forma parte de la esencia de los donostiarras. En otras partes de España es más común el quedar en un bar o restaurante para celebrar la reunión de amigos en un lugar en concreto. En San Sebastián, no. 

En Donosti quedamos en un bar, el primero, y de ahí nos vamos desplazando a otros. Además, no nos sentamos. Porque el poteo se celebra de pie, apoyados en la barra del bar o en la algarabía de la calle, con una copa en la mano, y cambiando la ubicación a cada trago. 

Puedes estar en el casco antiguo de San Sebastián o en el de Bilbao, y verás a grupos de amigos andando de un bar a otro. Pues esas cuadrillas andan de poteo. Y no importa la edad, porque el poteo es una costumbre arraigada tanto entre cuadrillas de jubilados como entre grupos de jóvenes. Si bien es cierto, las nuevas generaciones suelen potear y comer pintxos a un mismo tiempo, mientras que los veteranos (y estas cuadrillas son exclusivamente de hombres), los clásicos txikiteros, limitan el poteo a eso mismo, a los potes.    

¿Cuál es el origen del poteo vasco? 

El poteo o txikiteo tiene su origen en la revolución industrial, a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Cuando se empezó a desarrollar la actividad productiva en las fábricas, altos hornos y minerías, y creció la actividad comercial y portuaria, los bares y tabernas se convirtieron en los lugares de encuentro para los trabajadores, comerciantes y marineros.

Entonces se consumían vinos tintos riojanos, y claretes navarros (vinos rosados). La cerveza y los vinos de calidades superiores (crianzas de distintas denominaciones de origen o blancos) llegaron más tarde. 

Pero en el origen del poteo las bebidas no eran tan importantes como el hecho de relacionarse. Porque en aquella época las tabernas eran el lugar por antonomasia para establecer relaciones laborales y comerciales. También para conocer las últimas noticias cuando la televisión aún no existía. 

Evolución del poteo

Si el poteo nació como modo de relacionarse entre trabajadores, y como una actividad social para despertar nuevas relaciones comerciales, fue más tarde cuando el poteo se convirtió en algo que se hacía en cuadrilla. A partir de mediados del siglo XX, el poteo ya era una actividad que se hacía entre grupos de amigos, siempre hombres, y se practicaba antes de comer y de cenar.

Salir a la calle a tomar varios vinos en bares diferentes de un mismo barrio se convirtió entonces en un ritual inapelable entre los donostiarras. Sólo se excusaba el domingo, día dedicado al vermú, una tradición donde el encuentro era más familiar que entre amigos, y que se producía después de misa. 

Y en las últimas décadas es cuando el poteo se fue transformando en irse de pintxos. Sólo según los bares fueron ofreciendo gastronomía en miniatura y pintxos calientes, el ir a cada bar a degustar la especialidad de la casa fue determinando la ruta del poteo. Un mini de jamón en Casa Alcalde, unos hongos en el Ganbara, o unas gambas gabardina en el Paco Bueno.

Rutas de poteo y pintxos en San Sebastián

Como potear o irse de pintxos es algo que se hace en una zona delimitada de la ciudad, te proponemos unas rutas de pintxos por barrios, para que pruebes algunas de las especialidades gastronómicas más significativas de San Sebastián. Recomendamos bares con una larga tradición, donde acudimos los locales, y los enumeramos en el orden en que los visitaríamos nosotros para recorrer cada barrio sin dar mil vueltas alrededor.  

El poteo en Donostia: tradición, rutas y cómo disfrutar de pintxos como un local

Ruta de poteo y pintxos por la Parte Vieja

El casco antiguo de San Sebastián es el barrio de pintxos por antonomasia de la ciudad. Encontrarás barras repletas de pintxos en cada calle, pero algunos merecen la pena más que otros. Te dejamos aquí nuestros preferidos. 

  • Paco Bueno, en la Calle Mayor: esta taberna es un clásico de la ciudad, y la gamba gabardina es su pintxo estrella
  • Goiz Argi, en Fermín Calbetón: la brocheta de gambas o el Mari Juli (pintxo de salmón ahumado, pimiento verde y anchoa), aliñados con esa salsa secreto de la casa, son manjares de bocado obligado. 
  • Bar Etxebe, en la calle Iñigo: en este bar familiar frecuentado exclusivamente por clientela local recomendamos la clásica gilda, porque gilda, al menos una, hay que degustar durante el poteo. 
  • Bar Txepetxa, en la calle Pescadería: reconocido por su maestría con las anchoas, en esta casa estos pescados se elevan a otro nivel y es imprescindible probar alguno de sus pintxos durante la ruta. 
  • La Viña, en la calle 31 de agosto: su tarta de queso es reconocida en el mundo entero, así que proponemos esta última parada para echar la espuela, y despedir la ruta con un postre.

Ruta de poteo y pintxos por Gros

Este barrio cada vez atrae a más gente para el poteo. De ambiente más juvenil y surfero, por su cercanía a la Playa de La Zurriola, te proponemos algunos establecimientos de toda la vida. 

  • Txofre Taberna, calle Gloria: la ensaladilla rusa de este bar, correspondiente al antiguo Ezkurra, es patrimonio de la ciudad y uno de los pintxos con más feligreses en su haber. 
  • Bar Bergara, calle General Artetxe: uno de los primeros bares de Gros en dinamizar la cultura de la gastronomía en miniatura, aquí recomendamos el clásico Txalupa (un pintxo de champiñón con crema de marisco y gambas) que lleva décadas haciendo historia.
  • Bar Rikardo, calle General Artetxe: en este bar de los de siempre una sabrosa croqueta de mejillón no puede faltar.  
  • Bar Desy, calle Ronda: aquí recomendamos potear con cerveza y pedir un zurito, porque tienen seis grifos de cervezas artesanales, un distintivo cervero que no se replica en muchos otros sitios. Como pintxo, las anchoas marinadas sobre tostada con tomate rallado y aceite. 
  • La Bodega Donostiarra, en la calle Peña Y Goñi: el Indurain, que podría ser una Gilda vestida de gala, es un obligatorio. Lleva bonito en escabeche, antxoa, guindillas, cebolleta, y aceituna. 

Ruta de poteo y pintxos por el Centro o Área Romántica de la ciudad

En el centro hay locales con larga tradición y algunos de sus pintxos son clásicos de la ciudad que no puedes dejar de probar.

  • Bar Antonio, calle Vergara: aún cuando en esta casa todo está bueno, recomendamos la tortilla de patata, porque en pocos sitios la cocinan tan jugosa como aquí. 
  • Bar Iturrioz, calle San Martín: sus pintxos calientes son bien conocidos, y el de foie fresco a la plancha es un indispensable. 
  • Casa Vallés, calle Reyes Católicos: un pintxo de la clásica merluza rebozada puede ser una gran opción en esta casa donde, se dice, crearon la gilda hace décadas. 
  • Bar Ciaboga, calle Easo: el platillo de patatas al ajillo es una parada más que obligatoria. Un pintxo creado en la década de los sesenta que no ha dejado nunca de estar de moda. 
  • La Espiga, calle San Marcial: esta calle se ha convertido en el centro neurálgico del poteo del área románica de la ciudad. Las tradicionales txorreras son especialidad de la casa. 

Ruta de poteo y pintxos por el Antiguo

El Peine del Viento, la Playa de Ondarreta, el funicular de Igeldo, pero también los pintxos. La calle Matía, la vía principal de este barrio, es todo un bullicio a la hora del poteo, y unos pintxos por esta calle al mediodía, y antes de cenar, son una experiencia local como ninguna otra.

  • La cervecería, plaza Gorgatxo: esta plaza brinda algo de tranquilidad antes de la algarabía de la calle Matía. Los hongos salteados con yema de huevo trufada pueden ser un pistoletazo de salida excepcional. 
  • Antzara, calle Matia: con el cuerpo ya ambientado proponemos una parada en Matía para degustar el mítico frito de mejillón relleno. 
  • Oliyos, calle Escolta Real: es uno de los bares de toda la vida del Antiguo. Situado en una perpendicular a la calle Matía, su delicia, un pintxo frío de anchoa en aceite con huevo y vinagreta, hace honor a su nombre. 
  • Triku Harri, calle Matía: el chipirón encebollado o las carrilleras al vino tinto es una buena opción para despedir la calle Matía.  
  • La Rebotika, Avenida Zarautz: la espuela en este local nos permite recorrer toda la calle Matia y experimentar la original versión de esta casa de los huevos fritos con pimientos de piquillo con su pintxo Arzak. 

¿Cómo disfrutar de pintxos en San Sebastián como un local?

En esto de irse de poteo o de pintxos hay un pacto tácito que los donostiarras respetamos siempre. Te damos las premisas de ese acuerdo no hablado para que disfrutes del poteo y de la ruta de pintxos como un auténtico donostiarra

  • Se potea en una área delimitada: queda en un barrio determinado y explora varios bares de esa zona. Dado que cambias de bar a cada ronda, elige bares cercanos entre sí para no eternizar el ritual.
  • Se potea de pie: nada de sentarse. Degusta los tragos y los pintxos formando un círculo con tus amigos o, si no sois muchos y habéis conseguido hueco, apoyados en la barra.
  • Se pide en la barra: no esperes que vengan a atenderte y toma la iniciativa. Acércate a la barra, hazte un sitio, y pide la comanda para el grupo. En la hazaña de llegar a la barra y lograr que te atiendan encontrarás a otros grupos en la misma situación, y si practicas la empatía acabarás conociendo a gente de modo natural. Lo mismo compartís futuras paradas, y hasta acabáis compartiendo recorrido.
  • Cada uno elige un bar: el consenso está bien, pero a cada cambio de rumbo alguien tiene que llevar la voz cantante. Al final de cada ronda alguien preguntará el clásico ¿A dónde vamos ahora?, y es de justicia que las elecciones vayan turnando. 
  • Cada uno paga una ronda: no te compliques dividiendo las cuentas porque como vas a varios sitios, lo más sencillo es que cada uno pague en uno de los bares. 
  • La espuela: esto es un ritual. Se denomina la espuela a la última ronda. Dado que cuesta despedir el poteo, cuando parece que ya va siendo hora de acabar, alguien propone la espuela, que es la parada durante la que se remata el recorrido.