Magazine

Puente de Santa Catalina

Santa Catalina

Categoría/s:

Compartir:

Hoy en día el río Urumea, que divide la ciudad en dos, está atravesado por varios puentes de diferentes épocas y estilos que ayudan a unir las dos partes de San Sebastián fácilmente. Antiguamente, sin embargo, solo existía un puente, una única manera de llegar hasta Donosti desde el este, hablamos, por supuesto, del puente de Santa Catalina. Pero con el aumento de la ciudad en el siglo XIX fue necesario hacer más sencillo venir hasta aquí, y es por eso que aquel puente primigenio ya no está solo, aunque hoy nos centraremos en él.

El origen de Santa Catalina

El primer puente de Santa Catalina del que se tiene constancia es del siglo XIV y estaba hecho en madera. Antes de ser construido se usaba un vado para cruzar el río, que dependiendo de la marea apenas tenía profundidad. Aquel puente cruzaba desde el arenal de lo que hoy en día es el barrio de Gros y las marismas al otro lado, cerca del actual hotel María Cristina. A este lado del río se erigía una pequeña iglesia dedicada a Santa Catalina que estaba rodeada de algunos caseríos, de ahí el nombre del puente (y de aquel pequeño barrio).

Uno de los muchos puentes de Santa Catalina del siglo XIX.

De este puente, evidentemente, ya no queda nada, y es que estaba hecho en madera para que fuera fácil destruirlo (y reconstruirlo) en caso de guerra o invasión enemiga. Así, temporales, el oleaje y las mencionadas guerras han hecho que hayamos tenido decenas de puentes en el mismo lugar a lo largo de los siglos, si bien todos han tenido el mismo nombre. El último puente de madera fue demolido en 1874 conviviendo con el actual de piedra dos años.

Estos puentes de madera, además de no ser muy resistentes, debían ser cruzados tras el pago de un peaje, lo que costaba dinero a los donostiarras y visitantes que tenían que cruzarlo por diferentes razones, pero que era necesario para su manutención. Además, el tener que reconstruirlo cada poco tiempo (solo en el siglo XIX hubo que hacerlo 7 veces debido a las muchas guerras de este periodo), suponía un gasto elevado para la ciudad, así que hacerse con un puente de piedra, robusto y sin peajes, era el deseo de San Sebastián desde hacía mucho tiempo.

El último puente de madera. Según las fuentes estaba pintado de color rojo sangre de toro.

El nuevo puente

Finalmente, tras años pidiendo poder construir un puente de piedra, esto fue posible en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Donosti dejó de ser plaza fuerte en 1863 y la obligación de tener un puente de madera desapareció (de la misma forma, tampoco estaba permitido construir edificios en piedra, para su fácil destrucción en caso de conflicto armado, algo que suponía un problema de cara a construir los nuevos ensanches de la ciudad una vez se tiraron las murallas).

Así, el nuevo puente de Santa Catalina se construyó junto al viejo, desembocando ambos en el mismo punto del Centro, en la Avenida de la Libertad, pero empezando en distintos lugares, y es que el de madera venía desde la calle Iztueta y el de piedra desde la calle Miracruz (aún sin urbanizar en la época). Aunque el de madera fue demolido, como ya hemos mencionado, en 1874, sus pilotes aún pueden observarse durante las mareas vivas, al bajar el nivel del Urumea hasta casi dejar a la vista la arena del fondo.

Foto de 1871 en la que se ven los dos puentes.

El puente de piedra se inauguró en 1872 y el principio era más estrecho y largo que el actual, ya que contaba con 5 ojos. De líneas sobrias y sin apenas decoración, facilitó el tráfico desde el este hacia el centro y la Parte Vieja, tanto de carruajes como de peatones, y ya sin peajes (estos se eliminaron en 1869 con el puente de madera aún en uso). Para su construcción se usó piedras de diferentes orígenes y colores y la poca decoración que podemos observar está en las grandes farolas de las esquinas, que muestran escudos de Gipuzkoa y San Sebastián y que fueron restaurados hace poco.

Hoy en día solo tiene 4 ojos y es mucho más ancho ya que, por un lado, al urbanizar el arenal de Gros, el Urumea se canalizó y estrechó, haciendo innecesario ese quinto ojo; y por otro, porque el tráfico rodado aumentó y se hizo necesario añadir metros a ambos lados del puente para hacer más carriles. Y este es el puente de Santa Catalina que observamos actualmente y que cruzamos a diario los donostiarras. Puede que no sea el más bonito ni el más moderno, pero es el primero y eso también cuenta.

El puente nuevo ya solo sobre el río Urumea.