Plaza Sarriegui

Nuestros tours, sean a pie o en bici, suelen empezar a la puerta de nuestra oficina. En una diáfana plaza con bonitos bancos, que evocan al trencadís propio del modernismo catalán, y un montón de establecimientos, desde los de toda la vida (como el histórico Casa Ponsol o el famoso bar El Quinto Pino) a otros más modernos, como el bar Polka. Es una de las plazas más icónicas de la ciudad, y en sus días albergó una posada, nuestra Alhóndiga, mercado, tamboriles… y ahora Go Local (como no).

¿Pero quién fue Raimundo Sarriegui? Pues uno de los donostiarras más donostiarras de la historia de Donostia. No en vano fue el compositor de la Marcha de San Sebastián, así como de otras muchas baladas que forman parte esencial de nuestra cultura popular, que es no ya el himno de nuestra Tamborrada, sino de toda la ciudad. Raimundo Sarriegui supo como nadie plasmar el humor y el ser de la ciudad (lo que llamamos donostiarrismo). Su música no se entiende sin Donosti, y Donosti no se entiende sin su música.

Por ello desde 1933 este singular donostiarra, que falleció un 23 de abril de 1913, tiene la plaza dedicada. Compartiendo su busto  en bronce, hay un pedestal con una gran placa donde se puede leer su más icónica producción musical, y un tamborrero. Y aún a día de hoy, 106 años después de su muerte se le sigue homenajeando y recordando con cariño.