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Batalla de Lugaritz: Claves de un enfrentamiento histórico

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1836. Guipúzcoa: una provincia dividida entre carlistas y liberales. Los partidarios del Antiguo Régimen y del rey Carlos V se extienden por las zonas rurales. En San Sebastián, la burguesía clama por la industrialización y el nombramiento de la reina Isabel II para cultivar planteamientos liberales. Tradición contra progreso se enfrentan en el campo de batalla. Y en este contexto, el Alto de Aiete de San Sebastián se convierte en un espacio clave, donde la batalla de Lugaritz cambió el rumbo de la Historia. En esta entrada te hablamos de las claves de un enfrentamiento histórico.

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Contexto: I Guerra Carlista (1833-1839)

En 1833 muere el Rey Fernando VII y la sucesión al trono de España es el detonante de la I Guerra Carlista entre carlistas y liberales. Los primeros defienden el nombramiento del hermano de Fernando VII, Carlos V. Los segundos apoyan el nombramiento de la hija de Fernando VII, Isabel II

Batalla de Lugaritz: Claves de un enfrentamiento histórico

Fernando VII. Fuente: La Razón

Pero, ¿por qué la sucesión al trono en aquella época daba lugar a ambigüedades? Por la Ley Sálica y la Pragmática Sanción de 1830. Si desde 1713 en España la sucesión al trono se regía por una regulación de la sucesión monárquica en favor de los hombres (Ley Sálica), en 1830 el rey Fernando VII, que no tenía hijos varones, aprobó la Pragmática Sanción para que su primogénita, Isabel, fuese la heredera de la corona. 

Detonante de la I Guerra Carlista: la sucesión al trono de Fernando VII

He ahí el motivo de discordia: los absolutistas no aceptan la Pragmática Sanción y defienden el nombramiento del hermano del rey, Carlos V, amparados en la Ley Sálica. Mientras que los detractores del Antiguo Régimen sostienen el derecho de las mujeres a acceder al trono, como había manifestado Fernando VII con la Pragmática Sanción, y pugnan por el nombramiento de Isabel II, y la regencia de María Cristina hasta que Isabel sea mayor de edad (la heredera tenía dos años a la muerte de su padre).  

En este contexto la sucesión al trono de Fernando VII encarna no sólo el enfrentamiento entre partidarios de dos sucesores diferentes, sino el conflicto entre dos maneras de entender el mundo. La tradición del Antiguo Régimen (carlistas) contra el progreso de la Revolución Francesa (liberales o isabelinos).     

Carlistas: Carlos V, rey, Antiguo Régimen y religión

Los carlistas defienden el Antiguo Régimen. Ese sistema donde el poder lo ostenta un rey absoluto, la sociedad está dividida en estamentos (nobleza, clero y campesinado), y la economía se basa en el feudalismo. Durante la I Guerra Carlista los partidarios de prolongar este modelo apoyaron a Carlos V, hermano de Fernando VII, y estuvieron liderados en el campo de batalla por Tomás de Zumalacárregui

Carlos María Isidro de Borbón. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Liberales: Isabel II, reina, constitución y modernización

Los liberales eran quienes defendían la sucesión al trono de Isabel II, hija de Fernando VII, y la regencia de María Cristina hasta la mayoría de edad de la infanta. Influenciados por las ideas liberales de la revolución francesa, defienden un estado de ciudadanos con derechos y deberes, abrazan la constitución firmada en San Sebastián en 1831 (esa constitución refrendada en Cádiz en 1836), y apoyan el saqueo de bienes eclesiásticos para financiar la industrialización de la burguesía asentada en San Sebastián, como ya habían hecho las tropas revolucionarias francesas contra el imperio de Napoleón un par de décadas antes. No admiten los fueros tal como estaban, y consideran la necesidad de abolirlos o modificarlos.

María Isabel Luisa de Borbón. Fuente: National Geographic

Liderados por el General Baldomero Espartero, tienen el apoyo de Reino Unido, Francia y Portugal, según el Tratado de la Cuádruple Alianza, firmado en Londres el 22 de abril de 1834, en favor de la reina.    

Los fueros: un elemento determinante durante la I Guerra Carlista en Euskadi y Navarra

El régimen foral era un sistema de gobierno excepcional para las Vascongadas y Navarra que implicaba una mayor autonomía de estos territorios sobre otras provincias españolas. El armamento de los municipios o la fuerza armada propia del tercio foral eran algunas de las peculiaridades de esta forma de gobernanza. En 1834 se aprobó un Estatuto Real que elimina gran parte del régimen foral: un reglamento muy bien recibido por los donostiarras liberales. 

En el interior de Guipúzcoa, en las zonas rurales, la Iglesia tiene gran influencia y los campesinos defienden la tradición, la religión, y los fueros. En San Sebastián, en cambio, los burgueses de la ciudad proclaman la industrialización, la constitución y la abolición o modificación de los fueros. La Iglesia y los campesinos defendían el Antiguo Régimen, mientras que la burguesía apoyaba un nuevo orden. 

Situación de San Sebastián en 1836: preámbulo de la batalla de Lugaritz 

Desde 1833 se disputa la Guerra Carlista En España, y en mayo de 1836 el escenario en San Sebastián es el siguiente. Los carlistas ya dominan Vizcaya y Álava, y han conquistado también las tierras interiores de Guipúzcoa. San Sebastián, en cambio, se les resiste. Las tropas carlistas no logran replegar a la población donostiarra, apoyada por los británicos, así que las tropas de Maroto (Zumalacárregui ha fallecido tras tomar la villa de Bilbao en 1835) imponen el bloqueo carlista a la ciudad

Alrededor de 3.000 defensores de Carlos V aíslan la ciudad. Por un lado, conquistan la margen derecha del Urumea (el actual barrio de Gros), y arrasan con el Convento de San Francisco, donde están acuartelados los ingleses. Por otro lado, eliminan el puente de madera que comunica los dos márgenes de la ría para que los liberales queden bloqueados en la ciudad y no puedan salir. Y además, tienen preparadas en los altos de Aiete casas con municiones, controlando así desde el Antiguo hasta el margen izquierdo del río Urumea (*3).

Fuente: Zumalakarregi Museoa

El único modo posible de comunicación con la ciudad (la actual Parte Vieja de San Sebastián) es por el mar, y los británicos aprovechan esta ruta para unirse a los donostiarras desde Santander. En mayo de 1836 los aliados liberales ya están gestando el ataque a los altos de Aiete, que culminarán con la batalla de Lugaritz. 

La Legión Auxiliar Británica y George-Lacy Evans: apoyo imprescindible para la victoria liberal de la batalla de Lugaritz

La British Auxiliary Legion se forma en 1835 y autoriza a los británicos a enrolarse bajo la bandera de Isabel II. El Teniente Coronel George-Lacy Evans lidera esta legión compuesta por voluntarios del ejército británico, que empiezan a llegar a San Sebastián en buques de transporte desde los puertos británicos a partir de agosto de 1835 (*2).

Los componentes de la Legión Auxiliar Británica llegaron sin instrucción militar alguna y se les distribuyó “A luminous guide”: una guía sobre las costumbres, geografía, e idioma de las vascongadas, donde incluso había un breve diccionario vasco-inglés-español entre sus páginas.  

En abril de 1836 llegan desde Santander los oficiales británicos en los vapores Isabel Segunda y Reina Gobernadora. En tierras cántabras han preparado un plan de ataque a las tropas carlistas que asedian San Sebastián desde los altos de Aiete, y desembarcan en Donosti con la voluntad de llevarlo a cabo. 

El monte de Aiete y la batalla de Lugaritz: victoria liberal en San Sebastián 

Con los ingleses de la Legión Auxiliar Británica en la ciudad, los altos oficiales se reúnen en el castillo de Urgull el 4 de mayo y deciden atacar. El 5 de mayo de 1836 forman en la Plaza de la Constitución los batallones británicos, reforzados por otros dos españoles y los txapelgorris. Así, más de 6.500 soldados marchan en tres columnas hacia los altos de Aiete, y a las cuatro de la mañana del 6 de mayo de 1836 empieza la batalla.

Fuente: El Diario Vasco

Se recoge en los Anales de la I Guerra Carlista en San Sebastián, recopilados por Fermín Muñoz Echabeguren (*1), que lo acontecido durante los tres días siguientes en los campos frente a la Concha fue algo que los habitantes de San Sebastián no pudieron olvidar en mucho tiempo: “un espectáculo deplorable y horroroso”.  

Las tropas liberales salen de San Sebastián hacia los altos de Aiete para atacar a los carlistas

“El día de hoy ha sido uno de los más gloriosos que han tenido las armas de la Reina, durante la presente lucha. Salida de madrugada del General Evans, con el objeto de desalojar al enemigo de las posiciones que ocupaban delante de esta plaza. La lucha empezó en la cuesta de San Bartolomé, antes de llegar a Lugariz, en dirección a la villa de Hernani, y en ese día tuvieron lugar otros incendios.” (*1)

Así se narra el 5 de mayo de 1836 en los anales de la ciudad. Una crónica que destaca la participación del vecindario donostiarra para asistir a los heridos en el campo de batalla y conducir municiones. Se pone de relieve el apoyo de las mujeres que “han salido de la plaza, dando generosamente pan, vino y aguardiente a los soldados que regresaban”. 

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Repliegue de los carlistas en el caserío de Lugaritz

Las tropas liberales obligaron a los carlistas de los altos de Aiete a retroceder hasta Puyo, Munto, y, finalmente, Lugaritz. Allí se encerraron los de Espartero, que fueron atacados y vencidos por las tropas lideradas por Lacy Evans, en una jornada durante la que se mató al General carlista Sagastibelza, y durante la que se consiguió aliviar a San Sebastián del bloqueo total al que le tenían castigado los carlistas

Consecuencias de la batalla de Lugaritz

Si bien la batalla de Lugaritz alivió el aislamiento al que los carlistas tenían sometido a San Sebastián, el bloqueo a la ciudad se siguió peleando en los años siguientes. Un año después, la batalla de Oriamendi fue decisiva para los liberales, que, apoyados por la Expedición Real, consiguieron conquistar Hernani. Ahí sí: se liberó San Sebastián. 

La I Guerra Carlista siguió hasta 1839, cuando se selló la paz durante el Abrazo de Bergara. Un convenio pactado entre el general liberal Espartero y el general carlista Maroto, donde los carlistas reconocían a la reina Isabel II a cambio de que Espartero propusiera a las Cortes la conservación de los fueros vasco-navarros.

REFERENCIAS

1.Muñoz Echaguren, Fermín (2001) Anales de la Primera Guerra Carlista en San Sebastián. Cómo se vivió la guerra en la ciudad : Publicaciones del Instituto Dr. Camino de Historia Donostiarra, Fundación Kutxa.

2.De Paula García, Francisco (2018) Los románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en Donostia- San Sebastián: Delegación en Corte de la R.S.B.A.P.

3.Aragón Ruano, Álvaro- Echeberria Ayllón, Iker (2017) Síntesis de la Historia de Gipuzkoa: Diputación Foral de Gipuzkoa. 

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  • Cuándo Todos los días**
  • Horario 10:00 & 15:00
  • Duración 3 hrs
  • Idioma/s Esp / Eus / Eng / Fran
  • Precio

    *Precio mínimos posibles por persona, varía dependiendo del número de personas en el tour. En caso de querer saber más no dudes en consultarnos.