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Kursaal

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La arquitectura es uno de los principales atractivos de San Sebastián, los edificios señoriales del centro de la ciudad son apreciados por todo el mundo, así como sus principales iglesias y palacios. Pero Donostia es más que su arquitectura histórica, en los últimos años se han construido edificios de estilo moderno, acordes con la contemporaneidad, y el principal es sin duda el Kursaal.

El Kursaal, oficialmente Palacio de congresos y auditorio Kursaal, se inauguró en el año 1999 y fue diseñado por Rafael Moneo, es por eso que mucha gente también conoce al edificio como «los cubos de Moneo». También hay quien lo llama «los cubos del Kursaal», pero la mayoría simplemente decimos Kursaal.

Se trata de dos cubos de cristal, de ahí el nombre, que envuelven los auditorios del palacio de congresos. Por debajo de los cubos hay salas multiusos, tiendas, una sala de exposiciones y un restaurante. Detrás, junto a la playa, están las terrazas y en un nivel inferior un parking. Vamos, que el edificio tiene de todo.

El Kursaal engalanado para el Festival Internacional de Cine.

Pero sobre todo es el más importante auditorio de Donosti, es, de hecho, la sede principal del Festival Internacional de Cine y de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Aquí se celebran congresos y conferencias, monólogos, conciertos, musicales y óperas. También espectáculos de baile, ferias y hasta exámenes. No hay día en el que no haya algún evento programado, así que siempre es una buena idea revisar la agenda por si hay alguno que nos interese.

Los cubos, por otro lado, asemejan dos rocas varadas en la playa, como si las rocas del rompeolas que protege la playa de La Zurriola hubieran sido empujadas por el mar a una nueva posición. Por tanto, el Kursaal solo es una extensión del rompeolas, donde vemos otras rocas caídas en la arena, reflejo del edificio.

El origen del nombre Kursaal

¿Pero de dónde surge este nombre? Evidentemente no es castellano ni tampoco euskera, es, de hecho, alemán, y significa «sala de curas». La «sala de curas» o «kursaal» era como se llamaba un edificio típico de los balnearios decimonónicos de Alemania, Bélgica y Países Bajos en los que se encontraba normalmente un gran hall de entrada, un salón de bailes, sala de teatro y restaurantes, entre otros. Era, en definitiva, un edificio multiusos y centro de la vida social de estos balnearios.

Así, la palabra «kursaal» viajó por todo Europa para denominar a estos edificios con diferentes usos que se construyeron en la época en las ciudades de veraneo y que en su día podíamos encontrar en San Sebastián, pero también en Gijón, Manresa o Elche.

El Gran Kursaal Marítimo

Aquí, en Donostia, se inauguró en 1921 este casino que tras la prohibición del juego en 1924, se transformó en espacio multiusos, como buen Kursaal. Era un edificio de estilo eclecticista e historicista, como la mayor parte de los edificios de la ciudad de la época. Estaba situado en el mismo lugar en el que está el palacio de congresos actualmente, y por eso, cuando se construyó el edificio moderno, se llamó de la misma manera que el anterior, como recuerdo y homenaje.

Antiguo Gran Kursaal Marítimo.

El antiguo Kursaal fue demolido en 1973 tras décadas de uso deficiente que lo habían dejado casi en ruinas. La polémica fue muy sonada, ya que era un edificio muy bonito y al que los donostiarras tenían especial cariño. Aún así, la polémica cuando se construyó el nuevo Kursaal fue aún mayor, porque las comparaciones son odiosas, pero además, los donostiarras somos de gustos muy clásicos. El nuevo edificio era demasiado moderno, demasiado grande. Era un mamotreto junto a la playa de La Zurriola que quitaba la vista a los vecinos. Los «cubitos de hielo» eran un horror y no pintaban nada allí.

El Kursaal desde el paseo de La Zurriola.

Sobra decir que nos hemos acostumbrado al nuevo Kursaal. Han pasado más de 25 años desde que se inauguró. Le hemos cogido el gustillo, sobre todo cuando por la noche se ilumina de blanco, o con diferentes motivos cuando hay alguna ocasión especial, como Navidad. Además, es un edificio en constante uso que se ha integrado muy bien a la vida cultural de San Sebastián.

Y por dentro es bonito, los auditorios están forrados de madera, su amplio hall tiene unas fantásticas vistas al mar y está lleno de luz. Las butacas son cómodas y también lo es moverse por sus espacios. Su terraza es un lugar inmejorable para disfrutar de las olas del Cantábrico. Costó, pero el Kursaal ya es un donostiarra más, y si de repente ahora lo demolieran, seguro que lo echaríamos de menos.

El gran hall de entrada del cubo grande.